La imagen de Jesús caminando sobre las aguas en medio de una feroz tormenta es una de las más poderosas en los Evangelios. Muchos recordamos el relato donde Pedro sale de la barca y, por un momento, también camina sobre el agua.
Sin embargo, el Evangelio de San Juan nos cuenta esta historia de una manera diferente, con detalles que nos revelan verdades más profundas. En su versión, Pedro no sale de la barca y Jesús no calma la tormenta. ¿Por qué este cambio? Porque Juan quiere que nos fijemos no en lo que Jesús hace, sino en quién es Jesús.
Estas son las sorprendentes lecciones que Juan nos regala:
- Jesús no viene a calmarte la tormenta, Él es tu calma en la tormenta.
A menudo le pedimos a Dios que quite nuestros problemas. Pero en el relato de Juan, Jesús no detiene el viento ni las olas. Simplemente sube a la barca y, con su presencia, la paz llega. El mensaje es claro: su presencia en medio de nuestra crisis es más que suficiente. Él no siempre elimina la tormenta, pero siempre se hace presente en ella para ser nuestro refugio y paz.
- La tormenta no era un ataque del mal, era la antesala de Dios.
En la Biblia, Dios a menudo se manifiesta con fenómenos poderosos como tormentas y truenos (piensa en el Monte Sinaí). Juan nos muestra que esta tempestad no era un simple desastre natural, sino el «carruaje» majestuoso sobre el cual el Señor de toda la creación se acercaba a sus discípulos. Era una demostración de su gloria y poder en medio del caos.
- El verdadero milagro está en dos palabras: «YO SOY».
Cuando los discípulos, aterrorizados, ven a Jesús, Él les dice: “Yo Soy; no temáis”. Esta no es una simple frase. “Yo Soy” es el nombre sagrado que Dios reveló a Moisés en la zarza ardiente. Al decirlo, Jesús estaba declarando abiertamente: “Yo soy el Dios del Antiguo Testamento, el Creador del universo, estoy aquí con ustedes”. El mayor consuelo no era que el agua se calmara, sino saber que el Dios Todopoderoso estaba con ellos en la barca.
- El miedo nace de olvidar quién es Él realmente.
Horas antes, Jesús había alimentado a 5000 personas con solo cinco panes. Si los discípulos hubieran entendido que el hombre que multiplicó el pan era nada menos que el Creador del mundo, no habrían temido a las olas. Su miedo surgió porque vieron a Jesús como un proveedor de necesidades, pero no como el Dios soberano en quien pueden confiar plenamente.
Reflexión Final
Juan termina con un detalle hermoso: en el momento en que Jesús sube a la barca, ¡llegan inmediatamente a la orilla! Esto nos enseña que la presencia de Jesús no solo nos da paz en el viaje, sino que también nos garantiza que llegaremos a nuestro destino final.
Por eso, hoy podemos hacernos una pregunta que define nuestra fe: ¿Seguimos a Jesús por los beneficios que nos puede dar, o lo seguimos simplemente por el don incomparable de Su Presencia?
¿Necesitas encontrar tu calma en Él hoy?